Esta conversación me ha tocado, no porque perdiese un cliente, sino porque resonó con mis recuerdos de tiempos en los que yo no estaba feliz con mi propia imagen. Resonó con aquella sensación de auto-tortura y de vergüenza que solía sentir por mi apariencia. Nunca fui lo suficientemente delgada, a pesar de que mi índice de masa corporal decía lo contrario. Simplemente “nunca fui lo suficientemente buena”… siempre tratando de alcanzar una meta inalcanzable.
En aquel entonces, no tenía Photoshop o filtros de Instagram para alternar mi imagen, y creo que tampoco sería suficiente. Entonces, en lugar de optar por el retoque fotográfico, caí en la «solución bulimia».
Yo; mi crítico más duro, mi enemigo, nunca estando satisfecha conmigo misma. Nunca.
Atrapada en este comportamiento durante más que una década, una vez que comencé la psicoterapia, sané mis traumas que causaron esta auto-percepción dañina, este hábito me abandonó.
Incluso me di cuenta de que el físico femenino que considero más atractivo, no era el que yo ciegamente intentaba alcanzar.
No quiero insinuar aquí que los clientes que me vienen con tal peticiones, tienen problemas psicológicos como yo tenía. PARA NADA. Sé que vivimos en una sociedad exigente, estamos constantemente expuestos a consejos de imagen, a las comparativas, a las estrategias de marketing de antiedad, y a la ‘gran show del yo’ de las redes sociales, y nos desconectamos de lo natural sea como fuere el motivo. Bueno, eso no está bien, aunque puedo entender que es tendencia ahora.
Sin embargo, puedo rechazar de participar.
Y bueno, pensé que compartiendo parte de mi historia a lo mejor puedo inspirar a alguien a cuestionar el pensamiento que su imagen natural no sea buena.
Creo que TODOS SOMOS PERFECTOS y que es hermoso como nuestros cuerpos son únicos. ¡No hay otro como este y eso es increíble! ¡No hay nada que cambiaría de nadie!
Y me di cuenta de que las herramientas de retoque de fotografía no son herramientas para “mejorar nuestras imágenes”, sino herramientas muy dañinas para nosotros, para nuestra autopercepción y autoestima. Así que, como muestra de respeto hacia ti, no alternaré la forma de tu ser.
Por cierto, ¿Te ha pasado alguna vez que escuchaste a tu mejor amig@, a tu abuel@ o a tu herman@ criticándose a sí mismo y lo miraste fijamente y pensaste “¿Qué tontería es esta?, ¡Si tu eres la persona más linda del mundo!”
¡Y eso es probablemente lo que ellos dirían de ti también! ¿Pero decírselo a uno mismo? Algo impensable… Bueno, eso es triste.
¿Capaz que los filtros de Instagram y las intervenciones de cirugía plástica son más populares que el AMOR PROPIO? ¿Ser naturales y felices en nuestros propios cuerpos no está de moda en el siglo XXI?
Bueno, ya me parece bien ir contra la corriente y las tendencias de los dictados sociales.